Ni estudian ni trabajan

2011-septiembre-13

  • Los jóvenes que no estudian ni trabajan, como proporción de la población juvenil, vienen decreciendo históricamente. No se trata de una condición permanente, sino de una situación dinámica. Una buena parte de estos jóvenes son mujeres que se dedican a los quehaceres del hogar.
  • Es muy importante conceptualizar y dimensionar adecuadamente un fenómeno que intenta caracterizar a jóvenes que presentan situaciones muy diversas, según su sexo, edad, estado civil, escolaridad, estrato social, entre otras.
  • Existen diferencias importantes por regiones. En términos relativos la proporción varía de 17.6% en Colima a 30.4% en Tabasco. En términos absolutos, este fenómeno alcanza un máximo en el Estado de México (con casi un millón de jóvenes) y un valor mínimo en Baja California Sur (con alrededor de 30 mil jóvenes).
  • Para propiciar el acceso de las y los jóvenes a puestos de trabajo adecuadamente remunerados, es necesario impulsar la reforma a la Ley Federal del Trabajo.

En relación con los datos divulgados por la OCDE sobre los jóvenes que no estudian ni trabajan, es necesario precisar lo siguiente:

El universo de estos jóvenes es muy heterogéneo. Intentar conceptualizarlo presenta la dificultad de englobar —en un solo conjunto— situaciones muy diversas, como son las de mujeres unidas (con o sin hijos) dedicadas a labores domésticas; jóvenes con discapacidad; jóvenes que están buscando un empleo y no lo encuentran; jóvenes que estudian en sistemas abiertos y/o a distancia; jóvenes que están capacitándose para el trabajo; y jóvenes que desarrollan labores sociales, entre otras.

Al respecto de la población que no estudia ni trabaja reportada por la OCDE, es importante señalar que:

  • La gran mayoría de estos, son mujeres jóvenes (78%), muchas de ellas casadas con hijos. De hecho dos de cada tres de ellas están dedicadas a los quehaceres de sus hogares. Esta situación revela un acceso desigual a la estructura de oportunidades entre hombres y mujeres y se vincula a patrones culturales, según los cuales, el matrimonio y la maternidad siguen constituyendo opciones casi únicas de los proyectos e historias de vida de un número significativo de mujeres.
  • En contraste, uno de cada diez jóvenes varones mexicanos entre 15 y 29 años no trabajaba ni estudiaba, hecho que constituye uno de los niveles más bajos de la OCDE.
  • En México, de acuerdo con censos y encuestas, los jóvenes en esta condición muestran una marcada tendencia a la baja en las últimas dos décadas (en ambos sexos disminuyó de casi 35 por ciento, a cerca de 20 por ciento entre 1990 y 2010). Esta tendencia obedece en buena medida a cambios favorables en la condición social de las mujeres, como se advierte en el hecho de que entre las mujeres su peso cayó de 55 a 38%, mientras que entre los varones se redujo de 13 a 10% en el mismo periodo.
  • Existen diferencias por regiones y entidades federativas. En términos porcentuales varía de 17.6% en Colima a 30.4% en Tabasco. En términos absolutos, este fenómeno alcanza un máximo en el Estado de México (con casi un millón de jóvenes que no estudian ni trabajan) y un valor mínimo en Baja California Sur (con alrededor de 30 mil jóvenes).
  • Los jóvenes que en algún momento no estudian ni trabajan en ningún sentido, expresan una forma de vida o una condición permanente. En el ámbito laboral, por ejemplo, hay una alta movilidad de jóvenes desde el punto de vista de su condición de actividad. De un trimestre a otro, pasan de estar inactivos o desocupados a trabajar o a estudiar. Alrededor de 84 por ciento de los jóvenes que están buscando un empleo y 55 por ciento de los inactivos que no estudian ya tienen experiencia laboral previa. Por lo tanto, no han permanecido inactivos o desocupados durante su juventud.

Desde la perspectiva del diseño e instrumentación de políticas públicas, es preciso identificar diversos grupos de población relevantes, cada uno de los cuales conduce a intervenciones de política pública diversas.

México instrumenta diversos programas y acciones para atender las necesidades y requerimientos de los jóvenes, entre las que destacan las siguientes:

a)    Programas dirigidos a ampliar las oportunidades educativas para los jóvenes, incluida la expansión de las oportunidades educativas a través de las modalidades abierta y a distancia. Por ejemplo, de acuerdo con censos y encuestas, la proporción de mujeres de entre 15 y 29 años dedicadas únicamente a estudiar aumentó de poco más de 19 a 30%, lo cual significó un crecimiento, en valores absolutos de 2.4 a 4.2 millones de mujeres entre 1990 a 2010.

b)   Programas encaminados a brindar a los jóvenes becas para propiciar su acceso y permanencia en la educación. En la actualidad, los adolescentes y jóvenes mayores de 15 años se benefician con casi 2.4 millones de becas.

c)    Programas de becas de capacitación para el trabajo. Este servicio se presta de manera complementaria por la Secretaría del Trabajo y Previsión Social y por la Secretaría de Educación Pública. En el primer caso, a través de becas y en el segundo de manera directa. En lo que va de la actual administración, se han entregado casi 600 mil becas de capacitación para el trabajo, de los cuales más de la mitad se otorgaron a mujeres. A su vez, en el sector educativo, sólo durante 2010 atendió directamente a 1’345,000 alumnos.

d)   Acciones para propiciar una adecuada intermediación entre demandantes y oferentes de empleo, a través del Servicio Nacional de Empleo.

e)    Programas dirigidos a mejorar la condición social de las mujeres, incluidos los programas para atender las necesidades de salud reproductiva de las y los jóvenes. Cabe hacer notar que en la actualidad, de acuerdo con el Instituto Nacional de las Mujeres, alrededor del 42% del presupuesto federal se destina a atender las necesidades de la población femenina y cerca de 15 mil millones de pesos están etiquetados para favorecer directamente la igualdad entre hombres y mujeres.

Es preciso que las políticas públicas sean sensibles a la heterogeneidad de este conjunto amplio de jóvenes. Por esa razón, es imprescindible impulsar la reforma a la Ley Federal del Trabajo con el fin de propiciar el acceso de esta población a puestos de trabajo adecuadamente remunerados mediante contratos a prueba con capacitación inicial obligatoria y contratos por temporada, entre otros.

Finalmente, el fenómeno de los jóvenes en situación de no estudiar y no trabajar es un asunto de la mayor importancia que exige la intervención de todos los órdenes de gobierno. Es necesario, en consecuencia, coordinar acciones no sólo para ampliar las oportunidades educativas y laborales entre los jóvenes, sino también las orientadas a continuar fortaleciendo una cultura de igualdad entre hombres y mujeres.

Este comunicado fue enviado el 14 de septiembre de 2011, por la Unidad de Planeación y Evaluación de Políticas Educativas de la SEP.

Agradeceremos sus comentarios en esta sección.

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